La noche del jueves 29 de julio, día que es poco común para observar movimiento futbolístico en Guadalajara, el estadio Jalisco abrió sus puertas al público aficionado al futbol. Y no precisamente para un partido, aunque en los alrededores del inmueble, la gente que llegaba así lo hacía parecer. En familia, con los amigos, con la novia tomada de la cintura, así comenzaba a congregarse la gente en coloso de la Calzada Independencia.
La cancha del estadio que tantas glorias le dio a Chivas durante más de 50 años, sería testigo de un hecho sin precedentes en nuestro país. El equipo más importante de Inglaterra en los últimos años y uno de los mejores del mundo, estaba por pisar la grama del Estadio Jalisco.
Sí, estas líneas se refieren al Manchester United, equipo inglés que llegó a la capital tapatía con su nueva incorporación y es la promesa más real del balompié azteca: Javier “Chicharito” Hernández.
“Amigo, amiga, quiero una foto con el ‘Chicharito’, vine desde Tijuana, les doy lo que quieran”, eran los gritos que hacia una niña eufórica al persona de seguridad que resguardaba el acceso al estadio, minutos antes de ingresar a ver el entrenamiento del Man U. Esta fue la manera en la que se vivió el ambiente en las afueras del inmueble.
La hora se acercaba. El reloj marcaba alrededor de las 20:00 horas. Ya en el interior del estadio, los aficionados estaban ansiosos por ver un suceso que desde hace mucho tiempo no se veía en nuestro país. “A ver a que hora”, “Vamos, vamos, Manchester” o simplemente los gritos de un aficionado con playera del conjunto británico en un inglés poco entendible, eran los sonidos que se escuchaban en las tribunas, pero sin duda alguna, el unísono que más se predominaba en el respetable, principalmente por las damas asistentes, fue simplemente el de “Chicharito, Chicharito”, que ahogaba en sus gargantas el deseo de ver en el terreno de juego al ex jugador del Rebaño.
Y llegó el momento. Justo a las 20:24 horas, algunos jugadores de los Diablos Rojos del Manchester United, esta vez enfundados en una casaca verde fosforescente, saltaron a la cancha del inmueble pintado principalmente por los colores rojo y blanco. El público asistente estalló en júbilo al ver a sus ídolos al salir del vestidor e ingresar al terreno de juego. Pero el sonido más estruendoso de la noche, lo provocó Javier Hernández al saltar a la cancha. El calor de la gente tapatía, arropó con sus gritos y su cariño al goleador mexicano.
Los Red Devils, comenzaron con su labor regenerativa, aunque a decir verdad, la mayoría de las miradas se centraban en un solo hombre, ese que por su gran carisma y excelente desempeño futbolístico, se ganó el corazón de todo el pueblo mexicano. Al “Chicharo”, la gente le festejaba cada movimiento que hacia durante la práctica; para la prensa mexicana era el centro de atención, aunque nunca dejaron de lado que en la cancha se encontraba a uno de los equipos con más éxito en la historia del futbol mundial.
Los flashes de las cámaras no dejaban de iluminar el cielo jalisciense, que comenzaba a obscurecerse conforme avanzaba el entrenamiento. En un momento repentino, un invitado que no estaba en la lista, saltó al terreno de juego cual cometa. Era un niño de aproximadamente 10 años que atravesó el ancho del campo para ir directamente a abrazar a su ídolo Javier Hernández. Sin embargo, la acción solo duro unos segundos, pero una cosa es cierta, ese hecho se quedará en la memoria de aquel intrépido pequeñín, quien consiguió lo que miles de personas asistentes hubieran querido hacer.
Casi una hora después de haber iniciado la práctica, el Manchester United se despidió entre aplausos del estadio Jalisco, sin antes acercarse a firmar autógrafos a los niños con capacidades diferentes que los esperaban ansiosamente a un costado de la cancha, para después culminar su histórica visita, con la ya tradicional vuelta olímpica, ante la mirada de las miles de personas fieles, que a partir de ese momento, pasaron a la posteridad.