Olor a revancha, deseos del natural desquite deportivo, porque fue precisamente el jaguar chiapaneco el que mostró la osadía necesaria para cortar el récord histórico que había construido el Rebaño el torneo anterior en el Bicentenario 2010 para detener en seco la máquina de triunfos y futbol en que estaba convertido el Guadalajara.
Justo cuando el Rebaño saltó al terreno de juego, la primera de las imponderables se descubrió en la cancha del Estadio Omnilife, Héctor Reynoso, el capitán, alma y corazón de la defensa rojiblanca estaba fuera del encuentro, la llamada a la sangre joven del Guadalajara no se hizo esperar por parte de José Luis Real para enviar a la cancha al joven zaguero central Christian Pérez con lo que la retaguardia rojiblanca se bañaba en juventud con los Miguel Ponce, Christian Pérez y Mario de Luna encabezados por Luis Michel y Jonny Magallón como los únicos capitanes de la zona baja de la tripulación rojiblanca.
Por si fuera poco, el arsenal del Rebaño se vio disminuido de manera importante con la inesperada expulsión de Omar Bravo Tordecillas, el goleador del Guadalajara con lo que más difícil se tornaba para el Rebaño, pues su cantera debía sacar la cara en este duelo en puestos fundamentales dentro del terreno de juego.
De pronto en la batalla fragorosa, surgió un elemento que con la playera rojiblanca pasó con más pena que gloria, Carlos Ochoa para desprenderse del anonimato y clavar los goles en la frente del Rebaño, haciendo de Luis Ernesto Michel su contraparte rojiblanca.
En la segunda mitad, la vergüenza deportiva del Rebaño se hizo palpable para ser más que las circunstancias arbitrales, donde pagaron los platos rotos además de Omar Bravo, Patricio Araujo para dejar con nueve hombres sobre el terreno de juego al equipo de José Luis Real.
A partir de ese momento los rojiblancos sacaron fuerzas de flaqueza, José Luis Real movió sus piezas desde la banca, donde los jóvenes continuaron siendo la opción número uno para enderezar la nave del Guadalajara que yacía con dos goles en la canasta cortesía de Carlos Ochoa.
Hasta el último minuto Chivas no dejó de intentarlo, aún cuando el ex delantero rojiblanco, actualmente con piel de jaguar puso punto final a la noche de resurrección propia y de su equipo que de paso se aleja de la quema del descenso.
Bien por la actitud Rebaño, esa que muchas veces no te dejó morir en la raya, este es un trago amargo para aprender y eludirlo en el futuro, y los Jaguares… la cuenta crece, ya llegará en verdad el momento probar el dulce sabor de la revancha.





