Seattle, Washington.- Podrían ser sin duda, dos de los equipos con mayor arrastre en sus respectivas entidades deportivas, pues en el primer enfrentamiento fraterno que han llevado acabo en su historia, así lo hicieron notar.
Desde temprano, las calles de la capital de Washington asomaron la pasión por el futbol que el equipo local tiene entre sus habitantes, y que lo han llevado a consolidarse como el equipo que registra el mayor promedio de asistencia a sus partidos del torneo en toda la Liga de los Estados Unidos; se habla de 30 mil seguidores con abono para toda la temporada, pero crece conforme los encuentros avanzan.
Pero si a eso se le añade que su rival en el duelo fraterno de media semana es el más ganador y popular de los equipos en el Futbol Mexicano, con el mayor arraigo de los clubes mexicanos en todo Estados Unidos, da como resultado que un sin fin de camisetas rojiblancas y de banderas con los mismos colores deambulen por la ciudad desde temprana hora que bañan el ambiente citadino y que conforme avanza el reloj, toman como destino la Segunda Avenida del centro de Seattle, misma que conduce hasta el Qwest Field.
Y al arribar a la explanada principal de la también casa de los Halcones Marinos de la NFL, la algarabía que despierta el futbol en Seattle no deja margen a dudas; familias enteras tomadas de la mano con camiseta y bufanda con el distintivo verde y azul del cuadro local adornan por doquier los ingresos principales al inmueble.
Pero con el mismo ímpetu de ver a su escuadra por primera vez en estas tierras, las playeras rojiblancas entran a la escena con el tradicional grito de "Chivas... Chivas..." que emana de las gargantas de cientos y cientos de aficionados mayormente mexicanos, quienes se dan tiempo para observar el panorama y ver que el futbol crece en el noroeste de la Unión Americana.
Porque de que otra manera se podría explicar las decenas de activaciones que los diversos patrocinadores del encuentro desempeñan en los alrededores, o con qué otro motivo pondrían en venta las típicas bufandas futboleras, con un lado explícitamente dedicado al Sounders y por el otro, el contrastante rojo y blanco de las Chivas, todo ello, alusivo sólo al duelo amistoso.
Porque si el futbol no tuviera arrastre y pasión suficientes en esta sede, la fastuosa ceremonia de apertura del encuentro amistoso entre Chivas y Sounders no tendría a poco más de cien personas en la cancha para los protocolos de los himnos, mucho menos tendría a la típica orquesta universitaria en un costado y al clásico mariachi en el otro para entrelazar culturas representativas.
Porque si el futbol no fuera uno de los espectáculos más apasionantes, teniendo en cuenta a una ciudad que alberga al Futbol Americano con los Halcones Marinos y con los Marineros de las Grandes Ligas, podría pensarse que tanta dedicatoria sería destinada a captar la mayor cantidad de aficionados para que en futuras ocasiones el Qwest Field tuviera mayor aforo.
Porque si el futbol en Seattle no tuviera ese gusto que reflejan sus seguidores en las tribunas, quizá la estatuilla Emeral Spire, reconocimiento que se le entrega a cada capitán del equipo visitante que desarrolla un partido amistoso ante los Sounders justo antes del comienzo del mismo, no tendría razón de ser.
O el que la orquesta encargada de la ambientación previa a los partidos del Seattle realice su marcha por las calles hasta llegar a las puertas del estadio, para una vez ahí coronar con más y más ambiente de fiesta la pasión que les genera reanudar un nuevo partido de futbol.
Ese es el sentir futbolístico de una sede cuya historia de balompié profesional no es mayor a los tres años, pero refleja cada día más el creciente interés por el futbol soccer entre los habitantes de esta ciudad. Es el sentir de los 40147 espectadores que se dieron cita en el Qwest Field para ver el duelo entre Chivas y Sounders, y que describir la pasión que se encierra al corear un gol, espectacular sería apenas el comienzo...