Pasadena, California.- De entre los colores rojiblancos que libran batallas futbolísticas en sus respectivas sedes deportivas, en el choque directo entre Chivas la noche del miércoles en el Rose Bowl del noreste californiano, pudo más la fuerza, el desequilibrio y la contundencia del Rebaño Tapatío, que el ímpetu de las Chivas USA.
Pues luego de un contundente 2-0 a favor del Guadalajara, el llamado ChivaClásico tuvo un solo dueño y ese fue el mismo que al igual que hace dos años remarcó su hegemonía como el Rebaño histórico y el hermano mayor rojiblanco, ya que con dos anotaciones del artillero Omar Arellano en la segunda mitad, Guadalajara hizo suya la noche del miércoles en el Rose Bowl.
Con el calor que los poco más de 22 mil aficionados emanaron en las tribunas del inmueble de Pasadenal, las acciones del partido comenzaron de la mejor manera, con un Chivas USA ansioso de mostrar su ritmo de competencia que mantiene dentro la fase regular en la MLS y un Guadalajara que mediante un cuadro alternativo, con algunas incrustaciones de elementos que no han tenido tanta participación en la Liga Mexicana, demostró orden y disciplina táctica, pero también hambre de gol en el arco del hermano rojiblanco.
Durante el transcurso del primer lapso, Guadalajara basó sus ataques en la movilidad ofensiva de Omar Bravo y en el desequilibrio y sorpresa que generó Marco Fabián, abastecidos de pelotas que tanto por izquierda con Xavier Báez como por derecha con Sergio Amaury Ponce, constituyeron la plataforma de ataque del Rebaño mexicano.
En contraparte, Chivas USA apostó al control del esférico en media cancha con Paulo Nagamura como su mejor conductor de la esférica y quien distribuyó la mayor parte de balones de peligro hacia Jesús "Gringo" Padilla y Maykel Galindo, pero al igual que su hermano mexicano, el resultado en la puerta enemiga no se presentó.
Y es que en las opciones generadas por ambos conjuntos en su respectiva portería, tanto Chivas como Chivas USA adolecieron de la contundencia y fueron certeros y fuertes en la zaga defensiva, ya que mientras que por los mexicanos Aarón Galindo y Héctor Reynoso nulificaron los avances del rival, el Rebaño angelino tuvo en Shavar Thomas y en el experimentado Claudio Suárez la clave para mantener su arco en cero.
Para la segunda mitad del duelo fraterno y debido a los compromisos oficiales que poseen en sus respectivas competencia, tanto Chivas como los rojiblancos norteamericanos presentaron cambios en sus alineaciones, pero que de igual manera no modificaron el objetivo sobre la cancha y el afán de buscar el arco rival.
Pero luego de varios intentos por ponerle número al marcador, sería hasta los 74 minutos de juego cuando las tribunas del Rose Bowl se hicieron sentir con toda la fuerza de la afición rojiblanca en la Unión Americana, ya que luego de ganar una pelota por velocidad ya dentro del área, Sergio Ávila llegó a línea final desde donde cedió en diagonal hacia el corazón de la misma para la llegada de un Omar Arellano, quien con potencia ante Jon Conway disparó raso para comenzar la fiesta del Rebaño Sagrado.
Aparecieron entonces los gritos de "Chivas... Chivas..." en las tribunas y con más fuerza que nunca, acompañados de una cantidad impresionante de fuegos pirotécnicos que con cada estruendo que generaron levantaron aún más el ánimo en la cancha y en las tribunas, pues cuando todavía se escuchaban en todo lo alto, aparecería de nueva cuenta el cuadro tapatío para acrecentar la ventaja e incrementar la fiesta en el graderío.
Pues Luego de recibir una pelota pelota por el costado izquierdo de la cancha, Ramón Morales exhibió su gran calidad como pasador y tras un desequilibrante toque con el talón y de espaldas a la jugada, el icono rojiblanco dejó franco y con amplia ventaja a un Omar Arellano que de inmediato hizo por la esférica en tres cuartos de terreno, enfiló hacia el área y prácticamente a quemarropa disparó con potencia para doblegar de nueva cuenta a Jon Conway.
Apareció de nueva cuenta la pirotecnia en las tribunas y se manifestó con fuerza en el cielo del inmueble, después hicieron su arribo los tradicionales "oles" en la tribuna y al compás del ritmo que Chivas implantaba al tocar la pelota, ya que aún y cuando Chivas USA buscó de sobremanera acortar distancias en al marco de sus hermanos rojiblancos, esta vez vestidos con el naranja y gris de su uniforme visitante, el cuadro angelino no pudo superar el orden defensivo con el que Guadalajara se caracterizó en la cancha.
Y entre los gritos eufóricos de las miles de gargantas que al unísono corearon cada una de las acciones de Chivas en la recta final del encuentro, el silbatazo de Paul Ward al final del tiempo reglamentario generó un llamativo estruendo que coronó los 90 minutos de fiesta rojiblanca, en la que aún y cuando sí hubo ganador, el objetivo principal y la convivencia que los mismos elementos tanto de Chivas como de Chivas USA efectuaron en el centro del campo, culminó una noche rojiblanca en plenitud, donde el principal protagonista fue la afición que respondió al llamado del "ChivaClásico".






