Faltaba una hora para el silbatazo inicial de Erim Ramírez, y de arranque el Clásico estaba en manos de los aficionados, los mismos que desde principios de semana habían agotado los boletos en menos de 72 horas para disfrutar de la máxima fiesta que ofrece el Futbol Mexicano año con año.
Las Águilas del América y sus aires de arrogancia, fueron los primeros actores en presentarse sobre la grama del Estadio Jalisco. Las gracias eran para su parcialidad, como si sólo estuviera la tribuna amarilla en un inmueble dispuesto para 60 mil almas, argucia típica del americamismo., al surgir los futbolistas rojiblancos en el campo, las muestras de apoyo se desbocaron a su favor. El encuentro entre el más querido y el más odiado estaba a un tris de escribir una página más.
Ensordecedora por donde se le pudiera apreciar, tanto la silbatina para las Águilas, como la ovación para recibir al Rebaño, que a final de cuentas, era el conjunto local y las banderas rojiblancas estaban prestas para ser desplegadas por una fanaticada ansiosa de ver un espectáculo digno de los libros de la extensa antología futbolera.
La afición capitalina lanzaba el primer reto, al intentar emular uno de los canticos de su contraparte tápatía, la batalla se había encendido, era sin tregua, ni descanso para uno y otro lado. La ausencia del goleador del Bicentenario, "Chícharito" Hernández era la baja más sensible de las tropas rojiblancas, pero la experiencia y pundunor del otro goleador, el hstórico Omar Bravo Tordecillas, acompañado por la explosividad de Omar Arellano y el talento de Adolfo Bautista, estaban ahí para cumplir de nueva cuenta como el arsenal ofensivo rojiblanco.
De entre los primeros sobresalientes de la velada dominical en el Estadio Jalisco, estaba el siempre sobrio capitán del Rebaño, Luis Ernesto Michel, quien defendió como un autentico gato su meta en los primeros embates de la juvenil delantera de las Águilas.
Odio si, pero por siempre deportivo, tensión la necesaria para un partido de este calibre, concentración al máximo, ni uno ni otro se cedía un ápice de terreno, pero pasada media hora de un partido que cargaba un destino incierto, apareció el primero de los artilleros rojiblancos, Omar Arellano Riverón para gritar con el gol: estoy listo para responder a cualquer cosa.
Chivas dominaba el esférico, América corría detrás de el, la imagen perfecta para cerrar el primer tiempo cuya ventaja era rojiblanca, la reanudación conllevaba un par de misiones.aumentar la ventaja de Chivas y un resurgimiento de las Águilas que yacían en la lona .
En el segundo episodio, el Clásico seguía con lucha, con tensión, las hurras para las Chivas, el prolongado buuu para las Águilas, el Rebaño le ponía más intensidad al asunto y disponía la atención y concentración de una pantera sobre su presa el momento de realizar su ataque letal
Ataca América, ante una defensa que ni por un segundo abandonó el partido, sufre con el trancurrir de los minutos, al ver como el gol se te niega, una y otra vez. ante la portería de un impasable Luis Ernesto Michel que se posesiona en serio como un sólido arquero de la meta nacional
La mecha se encendió con la artera entrada de Jean Bausejour sobre Xavier Báez, que generó un conato de bronca y desencadenó la euforia de la afición rojiblanca y la inferioridad númerica de la visita que terminaba con diez hombres el cotejo.
Una vez más Chivas, disfruta de tu grandeza, de tu liderato general, de tu flamante victoria sobre el América, conjunto que no tuvo más que rendirse en esta ocasión; un hasta luego y éxito a los seleccionados en su incursión rumbo a Sudáfrica. La imagen queda para el recuerdo, la ovación y los brazos en alto del capitán rojiblanco, Luis Michel lo decían todo, la victoria, las vivas, los tres puntos, el orgullo son tuyos y esta noche, nadie te lo arrebata.





