Ni bienvenida a la Copa Libertadores de América, ni prueba de fuego, ni mucho menos "Chivitas", el GUADALAJARA llegaba a la cita de la justa sudamericana en la ronda de Octavos de Final ante un argentino Vélez Sarsfield que llegaba con la codicia del ladrón, dispuesto a llevarse un buen botín de la cancha del Estadio Jalisco que registra 50 años de historia, teniendo como huésped de honor al Rebaño, que la noche de este martes estaba dispuesto a demostrar que su estirpe sagrada estaba lista para regresar contra todos los pronosticos.
Tarde pero sin el menor atisbo de sueño, de a poco la afición rojiblanca se presentaba sobre el graderio de un Estadio Jalisco que horas antes en sus alrededores exhibia con orgullo la vistosa playera conmemorativa rojiblanca con las once pequeñas estrellas, marca imborrable de la misma cantidad de campeonatos rojiblancos., de la misma manera la figura de un hombre que la afición volvió un ídolo, ´Chícharito´ Hernández y bajo la leyenda: los grandes nunca se irán, también lucía inmortalizado en una playera blanca que se iba de los escaparates como pan caliente.
A estas alturas de la carrera, Chivas estaba dispuesto a demostrar que ya no jugaba con los "jóvenes" de cantera, sino con once auténticos hombres que no se escondían ante el reto de batirse en duelo, ante un Vélez Sarsfield que no supo por donde le llegó la anotación del resurgimiento del goleador Omar Bravo, siempre dispuesto a dar la cara, por lo que él mismo llama nuestro equipo, nuestros aficionados y porque no la propia y rica historia rojiblanca llena de capítulos memorables.
El Rebaño era como un boxeador experimentado, trabajando round por round, a un rival que también atacaba en los primeros asaltos, pero ante los certeros golpes rojiblancos era empujado a claudicar en la pelea.
Y en las tribunas, el grito de guerra que nunca falta el "Chivas", "Chivas" con el que la parcialidad rojiblanca despedía a los rojiblancos luego de un efectivo y bien costruído primer tiempo.. la confirmación debía registrarse en el segundo lapso.
La tardanza estratégica de los argentinos para la reanudación de las hostilidades, fue un aviso para el descontrol al que Chivas que aguntaron a pie firme los embates, del Vélez Sarsfield que aventaba a propio terreno a los rojiblancos,. Pero los futbolistas rojiblancos querían arrebatar la que era su noche, llena de pasión, de esfuerzo, entrega y contundencia.
Omar Bravo encabezó su propio resurgimiento y el del Rebaño en el momento más oportuno, con el segundo gol de la noche el mochiteco cual ave fénix volvía para volver a gritar a los cuatro vientos una palabra que nunca ha abandonado su vocabulario el gol.
Para redondear la noche en rojo y blanco, otro de los gueereros incansables, Héctor Reynoso le daba la puntilla a Vélez Sarsfield al hacer efectivo un tiro penal cometido sobre la figura del encuentro, Omar Bravo Tordecillas.
Por todo esto Vélez, esta noche no, esta noche, tal como te lo anunció la porra rojiblanca te toca observar la belleza del cielo tapatío, llorar tu derrota, y esperar la siempre otorgada revancha en Buenos Aires. Esta noche el GUADALAJARA volvió a ser ese equipo grande que sabe perfectamente como jugar estos encuentros, es hora de que los jóvenes se hagan hombres, de que las figuras resurgan y de que los corazones rojiblancos, recobren su habitual alegría.





